Te seguiré esperando, evocando.

 Seguiré esperando
la opacidad de tus ojos lejanos,
tu pupila, ya inalcanzable, en mi pupila.

Seguiré evocando
la ausencia de tu figura,
imposible y difusa
sobre la telaraña del tiempo.

Aquí me quedo
sobre el murmullo hueco
de tu remota voz...
que se empeña en desaparecer
cual aleteo de mariposa moribunda
cayendo al abismo de mi lacrimosa memoria.

Sed de ti

Ya sé de la lluvia en el ocre de tus ojos,
de tu desasosiego, del horror
que hace tambalear tu corazón,
de tu grito que se ahoga en tu garganta
palpitando lentamente...

Todo sé de ti en ésta noche aciaga,
mi hermosa princesa humana;
tu zozobra se cuela temblorosa
por todas las rendijas de mis negras sombras.

Un instante, sólo un instante te pido,
un fugaz soplo robado al tiempo
para que silencies tu congoja
y me obsequies tu última luz,
tu último aire...en mi boca,
entre mis labios que ahora,
irremediablemente,
mueren de sed de ti.

Amor vampírico: Maldita distancia

Te extraño ¡Vampiro mío!
Y maldigo al reloj homicida y alevoso
que nos ofrendó distancias
sepultando nuestros pasos,
que se tragó nuestras eternidades,
una a una y sin piedad,
como si de segundos miserables se tratase.

Amar era tan fácil...
vampiro mío,
en cada sombra,
en cada noche,
en cada gota bermellón
que sinuosa resbalaba de nuestras comisuras
y quedaba apresada por nuestro beso ennieblado;
¡Amar era...!

¿Dónde estás, dónde?

Enjambre de nocturnidades
que se marchitan, una tras otra,
en el abismo del tiempo,
entre lagunas de sangre...
muerta, seca.

Solitaria eternidad

Qué difícil es vestir éste traje de silencios,
de negruras sesgadas por el eco mudo de la noche,
éstas sombras que pesan cual cadenas
y aprisionan el grito en la garganta
para estallar en una eternidad de soledades.

El paso del vampiro se hace lento,
pausado como toda su existencia,
lacónico en su mirar al tiempo,
a un reloj que nunca se detiene.

El paso del vampiro es tan callado...
resignado a esa nocturnidad que nunca acaba,
prisionero en su melancolía inmortal,
larga, larga y sin final.

En algún momento se detiene,
alguien grita,
la oscuridad se tiñe de sangre,
el vampiro bebe
y después...
sigue su camino,
lento, silente, solitario y eterno.

Nada hay, nada queda

Nada hay afuera de mis ojos nublos,
lluviosos de penas que naufragan
mientras el tiempo exhibe su reloj,
macabro compás de arena
que cae en ciénaga...
silencios goteando en el lago negro
donde mis recuerdos se ahogan.

Nada en los cristales, 
opacos y sucios
de años y esperas,
de distancia jamás recorrida,
de paciencia marchita
como la última orquídea
de ese jardín siempre difuso
donde todo lo que existió
queda engullido por la boca feroz
de un rencor que acaba de nacer.
"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
© Poesiaoscurapoesiavampirica.blogspot.com . Todos los derechos reservados en cada uno de los poemas publicados.

Etiquetas