Sinfonía sangrienta

Esa obertura ínfima de las tinieblas
que tiñe en granates el crepúsculo
e invita...sinuoso murmullo
a deambular noctívago y meditabundo,
a extraviarme entre las notas musicales
que exhala tu pálida garganta,
a posar mis labios de abismo oscuro
en tu piel tersa e inocente,
a penetrar tu carne infinita
y lamer delicadamente
tu rojo néctar.

Tu sangre,
sinfonía palpitante
en las negras entrañas
de mi fúnebre alma.

Al abismo más negro te destierro

Cansada de guardarte en mi memoria,
de rasgar ayer tras ayer
ese gesto airado que en tus pupilas
quedó colgado en el espejo de mi alma,
de intentar romper el silencio
que impasible habita en esa mueca
de tus labios de infierno y odio...

Mudo es tu eco maldito
que retumba en cada pálpito 
de mi corazón malherido;
cianuro tu recuerdo
llenando la frágil copa
de mi nublo pensamiento.

Al abismo más negro te destierro,
a la ciénaga del olvido profundo,
al océano de las cosas muertas,
a la negrura de las tinieblas,
a aquella tumba en el camposanto
que ha devorado la madreselva,
a aquella fosa abandonada y pútrida
que nadie ¡Nunca! recuerda.

Amémonos ahora

La noche te saluda
princesa ennieblada,
la oscuridad tiende su alfombra negra
para que camines hacia mi,
que lo prohibido sea quebrantado
y que la sangre que acabamos de beber
haga latir nuestros corazones muertos.

¡Amémonos hoy, ahora!
Y que mañana el alba se lleve
nuestras cenizas...
besémonos hasta que los infiernos sangren,
hasta que las tinieblas rujan
y nos condenen...

La noche te saluda,
querida, amada,
princesa oscura.

Olvidándote

Cual presagio funesto
se aparece, negro espectro,
la interminable figura de tu recuerdo
recorriendo cual sierpe mi memoria.

Te hago reo,
preso de mi 
en ésta noche aciaga
y construyo en el aire tu sepulcro
para enterrarte,
tumba de olvido y llanto,
sin epitafio,
¡Qué el silencio te devore!
Amnesia de ti
flotando en el beso de una brisa
que te lleva...
allá, donde moran
los recuerdos muertos.

Nada de ti

Que tu boca etérea roce mi piel
no significa nada;
nada hay en el abismo macabro
de esos tu labios que me susurran muerte,
nada en el aire que tu garganta exhala
y me grita: ¡Bebe!
Nada de ti
y todo...
en el incendio del alba,
todo en el abrazo de la mañana
cuando acuna mis cenizas
y muero en la luz sabiendo
que nada obtuvo tu negrura de mi,
¡Nada!
"Bienvenidos siempre a mi etéreo hogar de tinieblas, lóbrego lugar donde la letra oscura se desangra".
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